Jue06202013

Actualizado11:33:40 PM

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Revelan que es gratificante hablar de uno mismo

A diferencia de otros animales, el ser humano comienza a atraer la atención sobre aspectos que encuentra interesantes desde los nueve meses

Los humanos dedican del 30 al 40 por ciento de sus conversaciones a hablar de sí mismos, casi el 80 por ciento en las redes sociales, por la sencilla razón de que es “intrínsecamente gratificante”, según un estudio que publica hoy Proceedings of the National Academy of Sciences.

“Lo que queríamos saber es por qué, de manera constante, las personas divulgan información acerca de sí mismas en las conversaciones, por internet, con conocidos o desconocidos, con quien quiera que les escuche”, dijo la investigadora Diana Tamir, del Departamento de Psicología en la Universidad de Harvard (Massachusetts).

El equipo de Tamir y Jason Mitchel puso a prueba las teorías recientes de que los individuos asignan un elevado valor subjetivo a las oportunidades de comunicar sus pensamientos y sentimientos a otras personas, y de que el hacerlo activa mecanismos neurales y cognitivos asociados con la gratificación.

Los investigadores consideraron cinco estudios, realizados con grupos de 20 y hasta 200 sujetos.

Aunque otros primates, en general, no intentan comunicar a sus pares lo que saben, como por ejemplo señalando cosas interesantes o comportamientos para que otros los imiten, ya desde los nueve meses de edad los humanos tratan de atraer la atención ajena a aspectos del ambiente que encuentra interesantes, señaló el artículo.

“Y los adultos en todas las sociedades hacen, de manera coherente, intentos de impartir su conocimiento a otros”, agregó Tamir, quien explicó que para su estudio se combinaron imágenes funcionales por resonancia magnética (fMRI) y métodos cognitivos.

Otras investigaciones anteriores han identificado las áreas del cerebro involucradas en la gratificación, y el equipo de Tamir empleó los fMRI al tiempo que los individuos hablaban sobre sus creencias y opiniones o especulaban acerca de las opiniones y creencias de otra persona.

“El hablar sobre sí mismo apareció firmemente asociado con una activación incrementada de las regiones del cerebro que forman el sistema mesolímbico de dopamina, incluido el nucleus accumbes y el área tegmental ventral”, indica el artículo.

También estos investigadores recurrieron a una versión modificada de experimentos con tareas remuneradas que miden hasta qué punto los sujetos están dispuestos a pagar algo que les gratifica.

En los experimentos originales hechos con animales se ha encontrado, por ejemplo, que los monos eligen entre diferentes cantidades de una gratificación primaria (jugos) y la oportunidad de ver a un macho dominante.

Otros experimentos del mismo tipo hechos con humanos cuantificaron la recompensa asociada con la belleza y el atractivo sexual, midiendo la cantidad de dinero a la que estudiantes universitarios estaban dispuestos a perder a cambio de ver, brevemente, imágenes de miembros atractivos del sexo opuesto.

“La oportunidad de compartir la información sobre sí misma activa las áreas previamente identificadas con la gratificación”, resumió Tamir. “El hablar de ti misma te hace sentir bien. Nos gusta pensar acerca de nosotras mismas, nos gusta compartir información sobre nosotras mismas” .

“Y también sabemos que el no compartir la información, especialmente la emocional, puede tener efectos negativos para la salud”, concluyó.

HALLAN CLAVES DEL TICTAC DEL CEREBRO

Científicos del Instituto Leloir descubrieron que el verdadero motor del reloj biológico, un mecanismo endógeno, con sede en el cerebro, que procesa información del ambiente (como la luz y la temperatura) y produce respuestas acordes, se encuentra en el núcleo y no en las membranas de las neuronas.

Se sabe que el reloj biológico está compuesto por varios grupos de neuronas que trabajan de manera sincronizada para procesar los datos recibidos y regulan procesos fisiológicos como el sueño y la vigilia a intervalos regulares. Sin embargo, se suponía que la actividad se regulaba en las membranas de las células cerebrales.

La investigación encabezada por Fernanda Ceriani se basó en la mosca de la fruta o Drosophila melanogaster se emplea desde hace décadas como modelo de estudio para dilucidar cómo funciona ese mecanismo de relojería en el ser humano. Entre otras cosas, se la prefiere porque es más fácil de mantener y alimentar que otros modelos experimentales, como los ratones.

El sistema nervioso central de la mosca de la fruta tiene 200 mil neuronas, pero sólo alrededor de 200 forman la red circadiana.

“De ese grupo, hay 16 neuronas llamadas laterales ventrales -ocho en cada hemisferio del cerebro- que son esenciales para regular la actividad y el reposo de la mosca. Si se eliminan, los animales se mueven de igual modo a lo largo de 24 horas, sin saber cuándo descansar”, explicó Ceriani.

Las neuronas informan al resto del organismo si debe dormir o descansar por medio de dos mecanismos.

“Por una parte, liberan una pequeña proteína neuromoduladora (llamada PDF, por pigment dispersing factor), que transporta la información temporal. Por otra parte, modifican la excitabilidad de su membrana, disparando descargas eléctricas que viajan al resto del organismo a través de las neuronas”, explica la científica.

Ceriani agrega que ese reloj biológico está formado por una docena de genes que dirigen la síntesis de proteínas cuya abundancia y actividad fluctúa a lo largo del día. Hasta ahora se creía que el origen de las oscilaciones -esto es, los ritmos que impone el reloj biológico al resto del cuerpo- no residía en el núcleo de las neuronas, sino más bien en su membrana.

“Al bloquear el paso de las descargas eléctricas en las membranas de las neuronas laterales ventrales hacia afuera, el doctor Michael Nitabach y sus colegas [autores de uno de los trabajos previos] observaron básicamente dos cosas: que las moscas se volvían arrítmicas y que las oscilaciones moleculares del reloj dejaban de funcionar.

“Ellos concluyeron que la actividad eléctrica que se genera en la membrana es un componente esencial del reloj biológico, pero nuestros resultados indicaron lo contrario. Las propiedades eléctricas son como las manecillas del reloj, pero no constituyen una parte integral del engranaje que lo mantiene en funcionamiento”, explicó Criani.

Ceriani y su equipo realizaron un experimento similar, pero en vez de incidir en embriones, eligieron un momento específico de su vida adulta. Empleando novedosas técnicas de manipulación genética acallaron la membrana de esas células.

“Al igual que en el experimento de Nitabach, las moscas se volvieron arrítmicas, ya que el reloj biológico no podía “pasarle la hora” al resto del cerebro y el cuerpo; sin embargo, para nuestra sorpresa observamos que el reloj biológico seguía funcionando en el interior de las neuronas, en forma correcta y sincronizada. Así demostramos que las oscilaciones del reloj tienen su origen en la actividad cíclica de proteínas que operan en el núcleo y el citoplasma de las neuronas.

En cambio, la actividad eléctrica en su membrana no es parte del engranaje, sino que más bien actúa como las manecillas del reloj”, explicó la principal autora de la investigación que se publicó en la revista Current Biology.

Consultado sobre la relevancia de este trabajo, el especialista en cronobiología, Horacio de la Iglesia, investigador del Departamento de Biología de la Universidad de Washington, afirmó que “hasta el momento, en la mosca de la fruta se creía que alterar las propiedades eléctricas de las «neuronas reloj» interfería con su mecanismo de funcionamiento básico; es decir, rompía los engranajes. Este trabajo claramente muestra que no es el caso”.

“Gran parte de la concepción errónea que se tenía del rol de la actividad eléctrica en las neuronas reloj se basaba en estudios que habían alterado esa actividad en etapas tempranas del desarrollo. En cambio, el grupo de la doctora Ceriani abordó el tema con un toque de elegancia único.

Desarrollaron una técnica que permite apagar eléctricamente las neuronas reloj, pero sólo de forma transitoria en el cerebro adulto.

El resultado fue tan sorpresivo como irrefutable: mientras el reloj perdió su capacidad de comunicar el tiempo al resto del cerebro (se quedó sin agujas), los engranajes del reloj, constituidos por genes que se expresan con periodicidad diaria, continuaron funcionando sin ningún problema”, opinó de la Iglesia.

Ceriani subraya que cuanto más sepamos cómo funciona nuestro reloj biológico, más sabremos cómo cuidarlo.

“La información actual sugiere que no es recomendable estar con el televisor prendido mientras dormimos o permanecer hasta altas horas de la noche expuestos a los fotones de las pantallas de las computadoras, ya que este tipo de estímulos interfieren procesos fisiológicos que contribuyen a conciliar el sueño en forma saludable”, concluyó la investigadora.

LENGUAS USAN DISTINTAS PARTES DEL CEREBRO

Los hablantes de diferentes idiomas no usan las mismas partes del cerebro al comunicarse, según un estudio de un equipo de neurólogos chinos de cuyo resultado informa hoy el diario oficial Global Times.

Los expertos compararon las funciones neuronales de 15 extranjeros al hablar y las compararon con un grupo similar de chinos.

Aunque algunas palabras excitan las mismas partes del cerebro (por ejemplo, los equivalentes en diferentes idiomas a “papá” o “mamá”), otros vocablos actúan de manera diferente entre el chino y el inglés (entre ellos, otros parentescos como “hermano” o “tío”), destacó el estudio.

La investigación, realizada por la Universidad Pedagógica de Beijing, se encuentra en su fase preliminar y podría arrojar nuevas conclusiones, destaca el diario.

Otro estudio publicado en 2003 por la organización británica Welcome Trust defendía una gran diferencia entre los hablantes del idioma chino y los de las lenguas occidentales.

Esta investigación señalaba que cuando una persona cuya lengua materna es el inglés escucha unas palabras en su idioma se activa su lóbulo temporal izquierdo, mientras que un chino “trabaja” también con el lóbulo derecho, que se activa cuando una persona oye música, debido al carácter tonal del mandarín (el tono musical de una palabra influye en su significado).